Hernán, Claudio y Pablo restauraron un auto de 1977, se endeudaron para viajar hasta Interlagos y lograron encontrarse con el piloto argentino de Fórmula 1.

La idea surgió en mayo, mientras los tres amigos miraban una clasificación de Colapinto y seguían en redes la historia de un grupo que había acondicionado un auto para viajar a Ushuaia. Inspirados por esa aventura, decidieron emprender su propio viaje a Brasil.

La propuesta se convirtió en un plan concreto pocos días después. “Vamos, no arrugues”, recordó uno de ellos que le dijo a sus amigos cuando terminaron de decidirse. Para llevarlo adelante, también tuvieron que pedirles permiso a sus parejas.

Los tres restauraron un Renault 6 de 1977, al que bautizaron “Renoleta”, y partieron desde Esperanza, Santa Fe, rumbo a San Pablo. El esfuerzo económico fue importante: “Los tres nos endeudamos para venir”, reconocieron.

Una vez en Brasil, comenzaron las gestiones para conocer al piloto de Alpine. Después de ocho días de contacto con su representante, María Catarineu, recibieron el sábado un mensaje del propio Colapinto y pudieron coordinar el encuentro.

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